El Cristofascimo. La amenaza que pende sobre Colombia
Por: Mauricio J. Aviliez A (1) y Milton Mejía C (2).
A escasos días para que acontezcan las elecciones presidenciales, la participación de algunos pastores que llaman al llamado “voto cristiano” por ciertos candidatos se ha ido mostrando relevante dentro de los factores que pueden influenciar el debate político y los resultados en el escenario electoral. Esto constituye una realidad socioreligiosa y política con creciente visibilidad pública desde que algunas iglesias cristianas hicieron popular el lema: “Cristiano, vota cristiano”.
Desde el proceso de la Asamblea Nacional Constituyente, y de manera muy relevante con el plebiscito por la paz en 2016, se ha ido consolidando esa expresión, no solo por su peso numérico, sino por la capacidad de difundir mensajes, movilizar personas y disputar el sentido moral del debate público. Por esto, la participación cristiana no se limita a la preferencia individual en las urnas, sino al despliegue organizado de intervenciones discursivas, institucionales y partidarias, influyendo en la construcción de opinión política en torno a temas como la defensa de la vida, la familia, la libertad religiosa o un tipo de educación doctrinal.
Es un fenómeno que no puede pasarse por desapercibido, si consideramos
que la sociedad colombiana es un país que se identifica, mayoritariamente, como
cristiana. Aunque esa participación no
puede comprenderse como homogénea, ya que el universo cristiano colombiano está
compuesto por una amplia diversidad de iglesias, sin desconocer que la Iglesia
Católica sigue siendo mayoritaria. Entre estas encontramos: las iglesias
protestantes históricas donde se encuentras una amplia diversidad, iglesias
cristianas evangélicas, pentecostales, cuadrangulares, las neopentecostales,
iglesias cristianas independientes donde cada una de estas instituciones tiene
subdivisiones en las cuales existen diferencias teológicas, organizativas y
doctrinales.
Pero existen tres elementos que hay que considerar con más atención: lo primero es que todas conservan un sistema de valores predominante, con un núcleo cultural-espiritual compartido (Beltrán, 2013, p. 25). Segundo, en el plano discursivo, la participación no es neutra y, aunque no es uniforme, su tendencia histórica ha sido muy conservadora. Tercero, en la campaña presidencial actual ha ido creciendo, de forma preocupante, una postura misógina, autoritaria, intolerante, llena de fundamentalismo, que está configurando dentro de la campaña presidencial de Abelardo de la Espriella una tendencia conocida como: cristofascismo.
El Cristofascismo a la colombiana
Esta postura ha emergido en un contexto de alta confrontación
ideológica, caracterizado por una creciente fusión entre discursos religiosos
ultraconservadores y plataformas políticas de derecha radical, lo que abre paso
a una alianza entre sectores cristianos fundamentalistas y partidos o sectores políticos
conservadores que desean imponer una solo visión de vivir en sociedad desde el
poder. En este enfoque se establecen acuerdos en torno a la “defensa de la
familia” y de los “valores de la iglesia”, acompañados de una fuerte oposición
al aborto, la eutanasia, a las familias “no tradicionales”, a la diversidad
sexual, a la legalización de drogas, al consumo de licor y a géneros musicales
como el reguetón. Todo ello se formula desde una lógica de pensamiento único,
con rasgos autoritarios y excluyentes.
El concepto de cristofascismo
fue planteado por la teóloga alemana Dorothee Sölle, buscando explicar la forma
en que las iglesias cristianas de Alemania se unieron y asumieron la ideología
nazi, en cabeza de Hitler. Al acuñar el término, Sölle intentó caracterizar las
relaciones de los miembros del partido nazi con las iglesias cristianas en el
desarrollo del estado de excepción alemán, dado que el gobierno nazi utilizó
relaciones y terminología cristianas para conformar dicho gobierno (Sölle,1972;
1996; 1999).
El cristofascismo es un término que describe la fusión de ideologías
fascistas con elementos del cristianismo, dando lugar a una teología del poder
autoritario que utiliza la fe para legitimar la intolerancia, la persecución de
minorías y la supresión de derechos. Se trata de una forma de fascismo
religioso que adopta políticas extremistas, disfrazadas de defensa de los
valores cristianos tradicionales (Py, 2020). En este sentido, no es simplemente
una postura moral conservadora, sino una construcción ideológica que
instrumentaliza el lenguaje religioso para justificar proyectos de poder
excluyentes y de muerte.
Estos elementos discursivos han estado muy presentes en la campaña
electoral de Abelardo de la Espriella con el Partido Movimiento de Salvación
Nacional. Teológicamente, esta tendencia no se restringe a iglesias
protestantes; puede desarrollarse también dentro de sectores de la Iglesia
católica. Para consolidarse, requiere profundizar la polarización social
mediante un discurso de miedo y rechazo a lo diferente. Se configura así una
lógica de relaciones amigo–enemigo, entendida como teología del poder (Schmitt,
1988), en la que encajan expresiones utilizadas por este candidato como “guerra
política” y “guerra espiritual contra esa plaga…” (Bolivarense, 2025).
Es importante advertir que se está configurando una situación discursiva peligrosa en el marco de esta campaña, que puede presentar similitudes con lo ocurrido en Brasil bajo el liderazgo de Jair Bolsonaro y, en un contexto histórico distinto, en la Alemania nazi bajo Adolf Hitler. Sobre esto, Py afirma:
Esto se relaciona con la reflexión de la teóloga alemana Dorothee Sölle (1970), quien acuñó la expresión en respuesta a su análisis del nazismo alemán y los supremacistas blancos en Estados Unidos. Hitler, al igual que Bolsonaro, mantenía una estrecha relación con los creyentes. Al acuñar el término, Sölle se preocupó por señalar las relaciones de los miembros del partido nazi con las iglesias cristianas en el desarrollo del estado de excepción alemán, cuando el gobierno nazi utilizó relaciones y terminología cristianas para su composición, tal como se reconoce hoy en el bolsonarismo (Py, 2020, p. 28).
No obstante, el cristofascismo en Colombia debe comprenderse desde su
propio contexto histórico, social y religioso, sin trasladar mecánicamente
todos los elementos de la Alemania nazi o del Brasil de Bolsonaro. Sin embargo,
en lo sustantivo, pueden identificarse elementos similares que se articulan
como un aparato autoritario que asocia la religión con la defensa de “una
concepción simplificada de la familia para la eliminación de sus adversarios,
así como de los indeseables, en este caso, aquellos que no se ajustan al
proyecto moral establecido de la nación” (Py, p. 29).
Esta construcción discursiva pasa por legitimar a De la Espriella y
presentarlo como alguien “elegido por Dios” para desarrollar una misión. En el
caso colombiano, las iglesias y pastores neopentecostales que lo acompañan en
la campaña parten de describir un país en crisis, que se está hundiendo y donde
se estaría perdiendo la moral cristiana. A partir de esa narrativa, se genera
miedo tanto en la población general como en los miembros de sus iglesias, al
definir al presidente Gustavo Petro y al candidato de su partido, Iván Cepeda,
como los que lideran un proyecto diabólico, que estaría entregando el país al comunismo,
la religión islámica extremista o van a imponer un régimen como el de Cuba o
Venezuela.
Al presentar este panorama de crisis total, de un país que pierde los
“valores cristianos” y vive en una “inseguridad permanente”, se construye la
idea de que es necesaria una figura fuerte que pueda “salvar” a la nación,
incluso si el costo implica restringir libertades en nombre de la seguridad y
el orden moral. De este modo, se naturaliza la aceptación de medidas
autoritarias como respuesta legítima a una supuesta decadencia social.
En esta narrativa resulta central el mito del proceso de “conversión” de
Abelardo de la Espriella, descrito como un “encuentro con Dios que transformó
su vida”. Este relato constituye el primer momento simbólico de su legitimación
religiosa. En un segundo momento, se le reviste de autoridad mediante la
imposición de manos y la oración de pastores neopentecostales que lo “ungen” y
“bendicen”. Finalmente, en un tercer momento, se le atribuye la misión
específica para la cual Dios lo habría transformado.
En esta línea, el pastor Marco Acosta lo nominó como “el Ciro de
Colombia”. En la Biblia, Ciro el Grande fue el rey de Persia que fundó el
Imperio aqueménida y es considerado el libertador de los judíos del cautiverio
babilónico, así como el encargado por Dios de reconstruir el Templo de
Jerusalén. Es llamado “ungido del Señor” (Isaías 45:1) y su decreto permitió el
regreso de los exiliados, cumpliendo profecías. En ese mismo orden, el pastor
Carlos Mora afirma que “Dios le reveló quién ganará las elecciones en Colombia”
y el ganador sería Abelardo De la Espriella (Mora, 2026).
Según el portal de noticias La Silla Vacía, De la Espriella tiene una
estrategia “de fe”, donde “combina un lenguaje explícito para la población
evangélica y la narrativa de que él es ‘un enviado de Dios’ para ‘salvar a
Colombia’” (La Silla Vacía, 2026).
Comparando nuevamente con el caso brasileño, para llevar a Bolsonaro a
la presidencia y consolidar un proyecto de corte cristofascista, se creó un
“esquema construido por el círculo íntimo del presidente [que] lo retrata
dentro de una cristología profana, señalándolo como el mesías, siervo
sufriente, ungido y elegido de la nación” (Py, 2020, p. 30). Este paralelismo
permite advertir cómo ciertos discursos religiosos pueden resignificarse
políticamente para construir liderazgos carismáticos con pretensiones mesiánicas
peligrosas.
Tanto Adolf Hitler como Jair Mesías Bolsonaro pertenecían a pequeños
partidos, casi inexpresivos, con plataformas políticas ultraconservadoras y
nacionalistas, al igual que De la Espriella. Estos dos políticos extremistas,
que usaron las iglesias cristianas, eran sujetos que despertaban burlas por sus
actuaciones y aspectos caricaturescos, así como por sus discursos con
afirmaciones que parecían absurdas o muy extremas, algo que también se repite
en quien se hace llamar el Tigre y dice ganar votos por sus genitales y nalgas
de silicona.
La tendencia al cristofascismo representa una de las expresiones más
radicalizadas de la articulación entre religión y política en el escenario
electoral colombiano de 2026. No se trata únicamente de un conservadurismo
moral, sino de una construcción ideológica que instrumentaliza el cristianismo
para legitimar proyectos autoritarios, polarizantes y excluyentes
fundamentalistas.
Si bien el contexto colombiano es distinto al de experiencias históricas como el nazismo alemán o el bolsonarismo brasileño, los elementos discursivos identificados —narrativas de crisis moral, construcción de enemigos internos, legitimación religiosa de un líder “ungido” y disposición a restringir derechos en nombre del orden— evidencian riesgos significativos para la democracia pluralista y el Estado social de derecho. Es una amenaza que pende sobre Colombia y que nos podría llevar al retroceso como nación, a repetir los peores momentos de nuestra historia o, peor aún, a escribir nuevas páginas de sufrimiento y dolor en una sociedad que se aleje de la convivencia pacífica y de la posibilidad de sanar sus heridas y reconciliarse.
(1) Profesor e investigador del Programa de Teología de la Universidad Reformada de Colombia, doctor en sociología política, magister en teología y ciencia política.
(2) Profesor e investigador del Programa de Teología y vicerrector de extensión de la Universidad Reformada de Colombia, candidato a doctor, magister en teología y pastor de la Iglesia Presbiteriana de Colombia.
Referencias
Barrera-Rivera,
Abner. 2019. El fundamentalismo religioso y los derechos humanos en América
Latina. Temas de Nuestra América. V. 35 N. 65.
Beltrán,
William Mauricio. 2013. Del monopolio católico a la explosión pentecostal.
Pluralización religiosa, secularización y cambio social en Colombia. Bogotá:
Universidad Nacional – CES.
Bolivarense. 2025. Creo o no De la Espriella
en Dios. https://www.instagram.com/reels/DNb9oSGpP_u/
El Fuete
Noticias. 2026. La Iglesia Cristiana Misión
Carismática Internacional (MCI) proclamó su respaldo a Abelardo De la
Espriella. El Fuete Noticias.
https://www.facebook.com/elfuetenoticias2021/posts/la-iglesia-cristiana-misi%C3%B3n-carism%C3%A1tica-internacional-mci-ha-dado-un-paso-contun/1282301727279239/
Gómez Restrepo, Luis
Felipe. 2025. Los colombianos y la religión. La
República.
https://www.larepublica.co/analisis/luis-felipe-gomez-restrepo-2524772/los-colombianos-y-la-religion-4126321
La
Silla Vacía. 2025. La estrategia
electoral y religiosa de Abelardo de la Espriella - Huevos Revueltos con
Política. https://www.youtube.com/watch?v=FnS-VGQ9lqI&t=41s
Misión
de Observación Electoral. 2019. Religión y Política. Cómo la religión está
relacionada con la política en cada uno de los países de América Latina.
Bogotá: MOE.
Morán,
Carlos. 2026. Alerta. Profecías para Colombia 2026. ¿Quién ganara las
elecciones presidenciales 2026? profeta y pastor Carlos Moran.
Youtube.https://www.youtube.com/watch?v=_wBznTbo3Us
Py, Fabio. 2020. Pandemia
cristofascista. São Paulo: Recriar.
Silva, Jonathan. 2026. Iván Cepeda en un
colegio cristiano? Ojo a esta denuncia. Instagram.
https://www.instagram.com/reels/DVZ2HrbERO0/

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