LA DISPUTA DEL VOTO CRISTIANO EN LAS ELECCIONES DE 2026 EN COLOMBIA
En el escenario político colombiano contemporáneo, el llamado “voto cristiano” se ha consolidado como una categoría analítica indispensable para comprender las dinámicas electorales recientes. Aunque no constituye una categoría jurídica formal dentro del ordenamiento institucional del Estado en referencia a una población particular, se trata de una realidad socio religiosa y política con creciente visibilidad pública generada en los últimos años por algunas iglesias que hicieron popular el lema: “cristiano vota cristiano”. El voto cristiano puede entenderse como la expresión de la manera en que algunos lideres y sectores de iglesias llaman a sus miembros a votar por candidatos(as) miembros de estas para que cuando sean elegidos defiendan la fe y gobiernen a partir de las doctrinas y la moral cristiana, configurando decisiones políticas que no se perciben desligadas de convicciones religiosas, sino profundamente atravesadas por ellas en sociedades con diversas religiones y tendencias políticas.
Para analizar como sectores cristianos y políticos
se disputan el voto de los sectores cristianos se observaron más de 1.200
documentos digitales y registros públicos referentes a: páginas web
institucionales de iglesias cristianas; páginas oficiales de candidatos al
poder legislativo (Cámara de Representantes y Senado) y a la Presidencia de la
República; perfiles en redes sociales (principalmente Facebook e Instagram) de
iglesias, candidatos, líderes y lideresas cristianos/as que se han manifestado
sobre el proceso electoral; programas, transmisiones en vivo (lives) y
entrevistas en YouTube y/o Facebook; así como pronunciamientos públicos
registrados en medios de comunicación, portales noticiosos y comunicados
oficiales relacionados con candidatos e iglesias.
El corpus documental abarca el periodo preelectoral correspondiente a las elecciones legislativas y presidenciales de Colombia 2026. Esto ha permitido identificar tendencias discursivas, estrategias de visibilización pública de la fe y modalidades diferenciadas de participación política de actores cristianos —tanto institucionales como individuales— en el escenario electoral.
A partir de la sistematización de este material, se identificó que la participación cristiana en las campañas electorales de 2026 se configura en dos grandes modalidades: la modalidad partidaria y la modalidad institucional. Esta clasificación permite distinguir el nivel organizativo, el tipo de articulación política y la forma de mediación entre identidad religiosa y acción electoral.
La modalidad partidaria. Esta modalidad se caracteriza por la participación electoral mediada por estructuras partidarias formalmente reconocidas en el sistema político colombiano. Se subdivide en dos formas:
Con partidos políticos definidos como cristianos. Corresponde a la participación a través de partidos que se autodefinen como tales. Actualmente, en el sistema partidario colombiano hay dos partidos registrados como cristianos: el Partido Colombia Justa Libres y el Partido MIRA. Estos dos partidos, identificados históricamente como expresión política, principalmente, de sectores neopentecostales (el MIRA desde el año 2000 y Colombia Justa Libres desde 2017), han definido una agenda conservadora con muchos matices fundamentalistas. Ambos cuentan con trayectoria en la representación legislativa e hicieron coalición en las elecciones de 2022.
Para las elecciones legislativas de 2026, dentro de
la participación de estos dos partidos se encuentra que: Han establecido para
el Senado dos coaliciones. El Partido MIRA, junto con el Nuevo Liberalismo y
Dignidad y Compromiso, conformó la coalición Ahora Colombia.
Por su parte, el Partido Colombia Justa Libres conformó, junto a la Liga de Gobernantes, la Alianza Social Independiente (ASI), la Alianza Democrática Amplia (ADA), Dignidad Liberal y Gente en Movimiento, la coalición Alianza por la Libertad, la Moral y la Acción (ALMA); pero desde finales del mes de noviembre de 2025 esta coalición se amplió para incluir al Partido Cambio Radical, estableciéndose entonces la coalición Cambio Radical - ALMA.
Se destaca que estos dos partidos, aunque conservadores con matices fundamentalistas, para obtener el número de votos necesarios para mantener el umbral electoral han hecho alianzas con partidos del campo de la izquierda; en el caso del MIRA con Dignidad y Compromiso, y Colombia Justa Libres con la Alianza Democrática Amplia (ADA).
En la participación a la Cámara de Representantes, el Partido MIRA mantuvo coaliciones en los departamentos donde presentó lista: Bogotá, Córdoba, Guaviare, Norte de Santander, Risaralda, Sucre, Tolima y Vichada, conformadas mayoritariamente por miembros activos de iglesias cristianas. El Partido Colombia Justa Libres también hizo coaliciones en los departamentos de Santander y Valle; pero presentó listas solo en los departamentos de La Guajira, Risaralda y Tolima con partidos políticos seculares que adoptan discurso religioso. En esta submodalidad, candidatos cristianos —o sectores cristianos organizados— participan dentro de partidos no confesionales, tales como Partido Liberal Colombiano, Centro Democrático, Pacto Histórico, Partido de la U, Partido Oxígeno y el Partido Movimiento de Salvación Nacional.
De los partidos seculares que incorporan en su estrategia electoral elementos del discurso religioso con el fin de atraer el voto cristiano, se destaca el Partido Movimiento de Salvación Nacional que ha mostrado una dinámica con figuras como el pastor neopentecostal Jaime Andrés Beltrán, de la iglesia Movimiento Evangelístico Camino a la Libertad, quien fue elegido alcalde en las elecciones atípicas de la ciudad de Bucaramanga, con 91 mil votos, con un discurso emulando al presidente de El Salvador, Nayib Bukele (Ordóñez Bermúdez, 2024). Él hacía parte de la lista al Senado, en el puesto número 12, de este partido, pero renunció para asumir la campaña presidencial de Abelardo de la Espriella, de los sectores cristianos a nivel nacional, junto con el pastor Marco Fidel Acosta Rico, de la iglesia pentecostal Dios Está Formando un Pueblo – IDEFUP, quien es concejal de la ciudad de Bogotá, elegido bajo la bandera del Partido Colombia Justa Libres.
Tanto el pastor Jaime Andrés Beltrán como el pastor fundador del Partido Colombia Justa Libres, John Milton Rodríguez, de la iglesia neopentecostal Misión Paz a las Naciones, y Marco Fidel Acosta Rico, abandonaron ese partido para apoyar la candidatura presidencial de Abelardo de la Espriella. Ninguno de estos tres pastores es actualmente candidato; su participación electoral busca captar los votos cristianos, pentecostales y neopentecostales para las elecciones legislativas y, principalmente, para las presidenciales.
Estos partidos, dentro de sus listas —principalmente a la Cámara de Representantes— incluyen a pastores y pastoras que tienen liderazgos en regiones específicas. Un ejemplo de esto está en el Partido de la U, con la participación como candidato por la lista a la Cámara de Representantes del Atlántico del pastor Oswaldo Sierra Ochoa. Cuenta con el apoyo de varias iglesias pentecostales, principalmente de la Iglesia Asamblea de Dios. En su agenda de campaña se propone “crear un movimiento político cristiano con gente temerosa de Dios”.
El Partido Centro Democrático también tiene en sus filas a pastores. En el departamento del Casanare, como candidato a la Cámara de Representantes, está el pastor Wilmer Garcés. En su perfil en Facebook se define como: “soy un hombre de Dios, quiero llegar al Congreso a legislar en favor de la familia, la fe, la moral, las buenas y sanas costumbres de la sociedad”, y además se considera amigo y defensor de Israel. Wilmer Garcés hace parte de la iglesia pentecostal Avivamiento Siglo 21.
Asimismo, está en la lista a la Cámara de Representantes de Antioquia, por ese mismo partido, el pastor Julián Lopera Garzón. Aunque en las redes sociales y demás espacios donde aparece su perfil no se define a qué iglesia pertenece, ha mostrado cercanía con la iglesia neopentecostal Rey Jesús. Hay videos suyos donde ora por el expresidente Álvaro Uribe Vélez contra “todo plan que ha querido imponer Petro con la brujería, porque cuando él va ahí a Cuba y Venezuela, él va a traer chamanería” (En el Ruedo Noticias, 2026).
El Partido Oxígeno también ha seguido esa estrategia. Tiene en su lista al Senado, en el tercer lugar, al pastor David Ricardo Reyes Castro. Reyes Castro en 2019 era el presidente de la Confederación Cristiana de Colombia, “una organización que tiene como propósito defender a la iglesia ante el estado colombiano” (Buenas Nuevas, 2019); es el pastor principal del Concilio Misión Boston y director de la emisora Radio Vida Nueva en la ciudad de Barranquilla.
El partido Movimiento Salvación Nacional también tiene en sus listas para Senado y Cámara de Representantes a pastores y pastoras cristianos. Se destaca la hija de los fundadores de la Iglesia Misión Carismática Internacional (MCI), Sara Castellanos, quien es candidata al Senado.
La modalidad institucional. La modalidad institucional se caracteriza porque el sujeto visible de la participación no es prioritariamente el partido político, sino la institución religiosa o un colectivo o grupo cristiano organizado. En este caso, la mediación entre fe y política no se realiza principalmente a través de una estructura partidaria, sino desde la propia organización eclesial, que asume un rol activo en el escenario público-electoral.
Esta modalidad pone en evidencia que las iglesias y asociaciones religiosas no solo funcionan como espacios de socialización espiritual, sino también como plataformas de articulación comunitaria con capacidad de incidir en procesos políticos. La institución religiosa aparece entonces como actor colectivo, con liderazgo, vocería y capacidad de convocatoria, lo que le permite orientar, sugerir o respaldar candidaturas dentro del proceso electoral. Se subdivide en dos formas:
Iglesia específica que define un discurso o participa activamente. En esta submodalidad, una iglesia —local o nacional— adopta una postura institucional frente al proceso electoral 2026. Dicha postura puede manifestarse de diversas maneras: comunicados oficiales orientando el voto; jornadas de oración por un candidato específico; invitación exclusiva a determinados candidatos a espacios eclesiales; participación directa de pastores, pastoras o sacerdotes como candidatos; o pronunciamientos públicos que, sin mencionar explícitamente una consigna electoral, dejan ver afinidades programáticas claras.
En estos casos, la institución no se limita a permitir la presencia de actores políticos en sus espacios, sino que construye un discurso propio sobre la coyuntura electoral. La narrativa suele estar centrada en valores como la defensa de la familia, la moral pública, la libertad religiosa, la protección de la vida desde la concepción o la necesidad de un liderazgo “temeroso de Dios”. Aunque el lenguaje puede presentarse como pastoral o espiritual, su efecto práctico es la orientación política de la feligresía.
En la ciudad de Medellín, la Asociación de Ministros Evangélicos de Medellín y del Área Metropolitana (AMEM) decidió apoyar la candidatura al Senado de Santiago Montoya, por el Partido Liberal. Esa manifestación pública conllevó a que más pastores de iglesias del departamento de Antioquia se sumaran con el respaldo a este candidato, generando un efecto multiplicador dentro de distintas congregaciones. El respaldo fue presentado en los siguientes términos: “En un país que busca con urgencia liderazgos con valores firmes y visión de futuro, los pastores cristianos del Área Metropolitana del Valle de Aburrá y de diversas subregiones de Antioquia han decidido dar un paso al frente y acompañar con fe y compromiso la candidatura al Senado de Santiago Montoya” (Medellín Herald, 2025).
Este evento fue realizado el 20 de diciembre de 2025 y lo definen como: “una manifestación de fe que impulsa una visión de liderazgo orientado al servicio de las comunidades, la familia y la reconstrucción moral del tejido social” (Medellín Herald, 2025). En este caso, el apoyo no se presenta únicamente como una decisión estratégica, sino como una expresión coherente desde la visión teológica y la moral que tienen en relación al orden social.
De la misma forma, el 25 de enero el medio de comunicación alternativo El Fuete Noticias publicó que la “Iglesia Cristiana Misión Carismática Internacional (MCI) ha dado un paso contundente al proclamar su respaldo a Abelardo De la Espriella como candidato presidencial para 2026” (2026). Más adelante indica que fue “un acto cargado de simbolismo, líderes evangélicos oraron por él y le otorgaron su bendición, consolidando así un bloque de apoyo cristiano-conservador” (El Fuete Noticias, 2026).
En este tipo de escenarios, la dimensión simbólica adquiere especial relevancia. La oración pública, la imposición de manos, la bendición pastoral o la proclamación desde el púlpito funcionan como gestos cargados de significado religioso, pero también con efectos políticos concretos. La legitimidad espiritual que se otorga al candidato puede ser interpretada por la feligresía como una señal de confianza y respaldo moral.
En el plano presidencial, la modalidad institucional puede evidenciarse cuando una denominación convoca a un foro exclusivo con un candidato y luego publica un comunicado resaltando coincidencias programáticas; o cuando realiza una vigilia o jornada de oración donde va definiendo temáticas por las cuales orar, como preocupaciones de la comunidad, que coinciden con la agenda del candidato y utilizan incluso expresiones similares al eslogan de campaña. De esta manera, el lenguaje religioso y el discurso político tienden a entrelazarse.
También puede observarse cuando líderes eclesiales, sin declararse formalmente como parte de una campaña, insisten en la necesidad de votar por opciones que defiendan “los principios cristianos” o que “protejan la familia y la vida”, categorías que, en el contexto electoral concreto, remiten a candidaturas específicas. Así, aunque no siempre exista una instrucción de voto explícita, la orientación política se construye mediante alusiones reiteradas a ciertos temas y valores.
En esta modalidad, la institución religiosa actúa como actor colectivo con capacidad de orientación política. Su legitimidad no proviene de la competencia electoral directa, sino de la autoridad espiritual y moral que ejerce sobre su comunidad. La iglesia, el concilio o la asociación ministerial se convierten, entonces, en mediadores entre la esfera religiosa y la esfera política, configurando una forma de participación que no pasa necesariamente por la militancia partidaria, pero que incide de manera significativa en la configuración del comportamiento electoral de amplios sectores de creyentes.
Representación de sector o colectivo cristiano organizado. En esta forma, no es necesariamente una iglesia institucional la que se pronuncia, sino un movimiento, red o colectivo que se autodefine como cristiano y actúa como sujeto político; o también candidatos que se autodefinen cristianos y que integran listas o campañas presidenciales desde partidos seculares, incorporando en su discurso referencias explícitas a valores cristianos. Aquí la identidad religiosa no se canaliza exclusivamente a través de la estructura eclesial formal, sino mediante plataformas organizativas flexibles que buscan incidir en el debate público.Esta modalidad muestra un grado de autonomía frente a las jerarquías religiosas tradicionales. Los colectivos pueden estar integrados por laicos, clérigos jóvenes, profesionales o líderes sociales que, sin representar oficialmente a una denominación específica, apelan a su identidad cristiana como fundamento de su acción política. En estos casos, la fe se convierte en eje articulador de propuestas programáticas y de posicionamientos ideológicos dentro del escenario electoral.
En
el contexto 2026, esto puede incluir: plataformas ciudadanas cristianas que
promueven una “agenda provida”; movimientos juveniles evangélicos que apoyan
candidaturas específicas; redes de profesionales cristianos que elaboran
documentos programáticos y los presentan a campañas presidenciales; o
colectivos regionales que buscan incidir en la selección de candidatos afines a
su visión ética y social. En todos estos casos, el elemento común es la
autoidentificación como actor cristiano en el espacio político.
En
elecciones legislativas, esta modalidad se expresa cuando un colectivo
cristiano impulsa una lista de candidatos afines en distintos partidos o
promueve el voto cruzado en favor de aspirantes que asumen compromisos con su
agenda. No se trata necesariamente de concentrar el respaldo en un solo
partido, sino de distribuir apoyos estratégicamente según la cercanía
programática. De este modo, la acción política del colectivo trasciende las
fronteras partidarias tradicionales.
En
la elección presidencial, puede manifestarse mediante la firma pública de
pactos programáticos entre colectivos cristianos y candidatos, la realización
de foros temáticos donde se presentan propuestas sobre familia, vida, justicia
social o libertad religiosa, o la emisión de comunicados donde se anuncian
respaldos explícitos. Estas acciones permiten visibilizar la capacidad de
negociación y de incidencia de dichos sectores dentro de la contienda
electoral.
Así,
encontramos al candidato al Senado por el Partido Conservador, Mauricio
Giraldo, quien se declara cristiano católico. Hace parte de “Lazos de Amor
Mariano, una comunidad católica que empezó en Medellín como un grupo de oración
de jóvenes y que ahora cuenta con cerca de 200 sedes en Colombia y 20 en otros
países” (Guerrero Arango, 2026). En este caso, la pertenencia a una comunidad
religiosa con presencia nacional e internacional se convierte en un elemento de
legitimación y en una red potencial de apoyo electoral.
Esta
organización también definió otros candidatos que hacen parte de las listas del
Partido Conservador. Al Senado está Johnnatan Tamayo y siete candidatos a la
Cámara de Representantes en siete departamentos diferentes (Guerrero Arango,
2026). Se observa aquí una estrategia coordinada de participación, en la que un
colectivo religioso impulsa múltiples candidaturas dentro de una misma
colectividad política, buscando consolidar representación legislativa coherente
con su identidad.
Por
otra parte, en el departamento del Cesar se organizó un proceso denominado
Izquierda Cristiana. Para finales del mes de febrero organizaron un evento
público donde manifestaron su apoyo y adhesión a la campaña electoral del Pacto
Histórico para el Senado y la Cámara de Representantes, y también a la
Presidencia de la República.
Explicaron
que su identidad cristiana no responde “a una estrategia electoral, sino a una
postura ideológica basada en la justicia social. En su intervención, cuestionó
a sectores religiosos que, según afirmó, respaldan posturas alejadas de los
principios bíblicos” (Cerro Murillo Sterero, 2026). Este planteamiento
introduce una lectura alternativa dentro del campo cristiano, donde la
referencia bíblica se asocia no solo con agendas conservadoras, sino también
con reivindicaciones de equidad y transformación social.
En
ese evento participó el candidato a la Cámara de Representantes por el Cesar
del Pacto Histórico, Luis Sanguino, quien afirmó que: “invocar el nombre de
Cristo en política nos exige más. No podemos usarlo solo para buscar votos; es
una responsabilidad ética” (Cerro Murillo Sterero, 2026). La declaración
evidencia cómo el discurso cristiano puede ser apropiado por actores de
distintas corrientes ideológicas, generando disputas internas sobre el
significado público de la fe.
La
distinción entre modalidad partidaria e institucional permite comprender que la
participación cristiana en las elecciones legislativas y presidenciales de
Colombia 2026 no es homogénea ni reducible a un solo tipo de actor o sector cristiano.
Por el contrario, se configura como un campo plural, atravesado por tensiones,
alianzas y estrategias diversas que hacen difícil considerar que hay un voto
cristiano.
En
algunos casos predomina la lógica partidaria organizada; en otros, la mediación
institucional eclesial; y en múltiples situaciones se observan formas híbridas,
donde partidos cristianos articulan redes institucionales y donde iglesias
operan como plataformas de movilización electoral indirecta. Asimismo,
colectivos autónomos pueden influir simultáneamente en varias campañas,
generando dinámicas de negociación y competencia por el llamado voto cristiano.

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